
– Eso es. Bastante apretados porque el cliente ocupó el camarote principal. Terry y yo dormíamos en el camarote de proa.
– ¿Durante ese tiempo vio si Terry se tomaba sus medicinas todos los días? Todas las pastillas que tenía que tomarse.
Lockridge asintió con énfasis.
– Ah, sí, no paraba de tomar pastillas. Cada mañana y cada noche. Hemos estado juntos en muchas excursiones de pesca. Era su ritual, era como un reloj. Nunca fallaba. Y en este viaje tampoco.
Tomé un par de apuntes más, sólo para mantenerme en silencio e incitar a Lockridge a seguir hablando. Pero no lo hizo.
– ¿Mencionó que tenían un gusto diferente o que se sentía diferente después de tomarlas?
– ¿De eso se trata? ¿Están tratando de decir que Terry se tomó las pastillas equivocadas para no tener que pagar el seguro? De haberlo sabido, nunca habría aceptado hablar con usted.
Empezó a levantarse. Yo me estiré y lo agarré por el brazo.
– Siéntese, Buddy. No sé trata de eso. Y yo no trabajo para la compañía de seguros.
El se dejó caer pesadamente en el banco y se miró el brazo en el lugar donde lo había agarrado.
– ¿Entonces de qué se trata?
– Ya sabe de qué se trata. Sólo me estoy asegurando de que la muerte de Terry fue como se supone que fue.
– ¿Se supone que fue?
Me di cuenta de que no había elegido bien mis palabras.
– Lo que estoy tratando de decir es que quiero asegurarme de que no le ayudaron.
Lockridge me estudió durante varios segundos y asintió lentamente.
– ¿Se refiere a que las pastillas estaban contaminadas o manipuladas?
– Quizá.
Lockridge cerró la mandíbula con fuerza y resolución. No me pareció que estuviera actuando. -¿Necesita alguna ayuda?
– Podría necesitarla, sí. Mañana por la mañana voy a ir a Catalina. Voy a mirar en el barco. ¿Puede reunirse conmigo allí?
– Por supuesto.
Parecía entusiasmado y sabía que al final tendría que poner coto a eso, pero por el momento quería su cooperación plena.
