
– Bien. Ahora deje que le haga unas pocas preguntas más. Hábleme del cliente de la excursión. ¿Conocían a ese tipo Otto de antes?
– Ah, sí, llevamos a Otto un par de veces al año. Vive en la isla, y ésa es la única razón por la que hicimos la excursión de varios días. Ése era el problema con el negocio, pero a Terror nunca le importó. El era feliz quedándose en aquel puertecito y esperando la mitad de los días.
– Pare un momento, Buddy. ¿De qué está hablando?
– Estoy hablando de que Terry mantenía el barco en la isla. Lo que conseguíamos allí era gente que estaba visitando Catalina y que quería salir unas horas a pescar. No conseguíamos las excursiones importantes. En los trabajos de tres, cuatro o cinco días es donde se saca buen dinero. Otto era la excepción porque vive allí y le gustaba ir a pescar a México un par de veces al año y de paso echar una cana al aire.
Lockridge me estaba dando más información y vías de interrogatorio de las que podía manejar de una vez. Me quedé con McCaleb, pero sin duda iba a volver a Otto, el cliente de la excursión.
– ¿Está diciendo que Terry se conformaba con un negocio de poca monta?
– Exactamente, yo no paraba de decirle: «Traslada el negocio al continente, pon unos anuncios y consigue trabajo de verdad.» Pero él no quería.
– ¿Alguna vez le preguntó por qué?
– Claro, él quería quedarse en la isla. No quería estar siempre separado de la familia. Y quería tener tiempo para trabajar en sus archivos.
– ¿Se refiere a sus viejos casos?
– Sí, y también a algunos nuevos.
– ¿ Cuáles?
– No lo sé. Siempre estaba recortando artículos del periódico y guardándolos en carpetas, haciendo llamadas telefónicas, cosas así.
– ¿En el barco?
– Sí, en el barco. Graciela no se lo habría permitido en la casa. Terry me contó que a ella no le gustaba que lo hiciera. A veces llegaba al punto de quedarse a dormir en el barco por la noche. Al final. Creo que era por los archivos. Se había obsesionado con algo y ella había terminado diciéndole que se quedara en el barco hasta que lo superara.
