– ¿Le contó eso?

– No tenía que hacerlo.

– ¿Algún caso o archivo en el que recuerde que estuviera interesado últimamente?

– No, él ya no me incluía en eso. Yo le ayudé en el caso de su corazón y después más o menos me dio con la puerta en las narices.

– ¿Eso le molestaba?

– De hecho, no. O sea, yo estaba dispuesto a ayudar. Pescar a tipos malos es más interesante que pescar atunes, pero sabía que ése era su mundo y no el mío.

Me sonó a respuesta ensayada, como si estuviera repitiendo una explicación que McCaleb le hubiera dado a él en alguna ocasión. Decidí dejarlo estar, aunque sabía que era una cuestión sobre la que regresaría.

– De acuerdo, volvamos a Otto. ¿Cuántas veces pescaron con él?

– Este era nuestro tercer, no, nuestro cuarto viaje.

– ¿Siempre a México?

– Más o menos.

– ¿A qué se dedica que puede permitirse eso?

– Está jubilado. Cree que es Zane Grey y quiere ir a hacer pesca deportiva, coger un marlín negro y colgarlo en la pared del salón. Se lo puede permitir. Me dijo que era comercial, pero nunca le pregunté qué vendía.

– ¿Jubilado? ¿Qué edad tiene?

– No lo sé, unos sesenta y cinco.

– ¿Jubilado de dónde?

– Creo que de Long Beach.

– ¿Qué quería decir hace un minuto con eso de que le gustaba ir a pescar y echar una cana al aire?

– Quería decir exactamente eso. Lo llevábamos a pescar y cuando parábamos en Cabo, siempre tenía algo aparte.

– Así que cada noche en este último viaje llevaron el barco a puerto siempre en Cabo.

– Las dos primeras noches en Cabo y después la tercera noche llegamos a San Diego.

– ¿Quién eligió esos sitios?



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