
– Buenas -dijo-. Siento llegar tarde.
– No importa. Tenía mucho que mirar por aquí.
– ¿Ha encontrado ya algo interesante?
– La verdad es que no. Estoy a punto de bajar a revisar sus archivos.
– Genial. Le ayudaré.
– De hecho, Buddy, en lo que podría ayudarme es llamando al hombre que vino en el último crucero. -Miré el apellido escrito en la página de mi libreta-. Otto Woodall. ¿Podría llamarlo para decirle que responde de mí y preguntarle si puedo pasar a verlo esta tarde?
– ¿Nada más? ¿Quería que viniera hasta aquí sólo para hacer una llamada de teléfono?
– No, tengo que hacerle preguntas. Le necesito aquí, pero creo que no debería revisar los archivos de allí abajo. Al menos todavía no.
Tenía la sensación de que Buddy Lockridge ya había leído detenidamente todos los archivos del camarote de proa, pero estaba manejando la situación de esta manera a propósito. Tenía que mantenerlo cercano y al mismo tiempo distante. Hasta que lo hubiera descartado a mi satisfacción. Él era el socio de McCaleb y había sido alabado por sus esfuerzos en salvar la vida de su amigo caído, pero había visto muchas cosas extrañas en mi profesión. En ese momento no tenía sospechosos, y eso significaba que tenía que sospechar de todo el mundo.
– Haga la llamada y después baje a verme.
Lo dejé allí y bajé el breve tramo de escaleras que conducía a la parte inferior del barco. Había estado allí antes y conocía la distribución. Las dos puertas del lado izquierdo del pasillo conducían al lavabo y a un trastero. Enfrente había una puerta que daba al pequeño camarote de proa. La puerta de la derecha conducía al camarote principal, el lugar donde me habrían matado cuatro años antes si McCaleb no hubiera levantado una pistola y disparado a un hombre que estaba a punto de sorprenderme. Eso había ocurrido momentos después de que yo salvara a McCaleb de un final similar.
