La última foto era igual de desconcertante. La amplié y vi que era una extraña naturaleza muerta. En el centro de la imagen había un viejo barco, con los remaches de las planchas de madera abiertas y la pintura amarillenta pelándose bajo el sol abrasador. Se hallaba en el terreno rocoso del desierto, aparentemente a kilómetros de cualquier agua en la que pudiera flotar. Un barco a la deriva en un mar de arena. Si tenía algún significado específico, no lo había visto.

Siguiendo el procedimiento que había observado a Lockridge, imprimí las dos fotos del desierto y después volví a revisar las otras fotos para elegir una muestra de imágenes a imprimir. Envié dos fotos del ferry y dos fotos del centro comercial a la impresora. Mientras esperaba, amplié varias de las fotos del centro comercial en la pantalla con la esperanza de ver algo en segundo plano que identificara en qué centro comercial estaban Graciela y los niños. Sabía que simplemente podía preguntárselo a ella, pero no estaba seguro de querer hacer eso.

En las fotos logré identificar las bolsas que llevaban varios compradores como procedentes de Nordstrom, Saks Fifth Avenue y Barnes & Noble. En una de las fotos la familia pasaba a través de una especie de terraza en la que había concesiones de Cinnabon y Hot Dog on a Stick. Anoté todos esos nombres en mi libreta y sabía que con esos cinco establecimientos probablemente podría determinar en qué centro comercial se habían sacado las fotos, si decidía que era necesario disponer de esa información y no quería preguntar a Graciela al respecto. Eso seguía siendo una cuestión abierta. No quería alarmarla si no era necesario. Contarle que probablemente la habían estado vigilando mientras paseaba con su familia -y que probablemente lo había hecho alguien con una extraña relación con su marido- no parecía el mejor camino. Al menos al principio.



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