– Esto… gracias.

– Hiciste un fantástico trabajo al señalar los beneficios físicos, emocionales y mentales de los orgasmos regulares y cómo la lectura de las historias eróticas mejoraba la vida sexual en las parejas. Yo estaba más interesado en tus pensamientos sobre incrementar la agudeza mental con mucho sexo. -Rick se giró para mirarla a la cara y en el proceso reveló su elección para la cena: chocolate, fresas y nata montada-. Tú y yo vamos a necesitar unas mentes afiladas si esperamos encontrar el tesoro antes del final del mes.

Algo cálido y confuso floreció en su pecho ante la mirada de sus ojos azules.

– ¡Oh, Dios mío! -Ella jadeó cuando apareció la conciencia- ¿Estás intentando ligar conmigo? Quiero decir, en serio. ¿Quieres tener sexo conmigo?

– Sí. En serio. Quiero.

Ella se puso en pie y empezó a caminar.

– Guau. Sin embargo, podría hacerse extraño el trabajar juntos después de que follemos. Y…

– A ver -comenzó él sonriendo abiertamente-. No habría pensado que fueras del tipo de las que dicen cosas sucias. Pero me gusta. Es condenadamente sexy viniendo de ti.

La mirada traviesa de sus ojos combinada con esa sexy sonrisa hizo que su corazón galopara.

Rick tendió la mano hacia la mesa y puso la pequeña fuente sobre una silla cercana. La asió cuando ella intentaba pasar a su lado y, antes de que supiera lo que le había golpeado, estaba tumbada sobre la espalda en la impecable superficie de madera. Él le soltó el pelo y hundió las manos en sus mechones.

Los ojos de ella se dilataron.

– Oh, guau, vas en serio.

– Oh sí -murmuró él.

– ¿Vamos a hacerlo aquí mismo? ¿En la mesa?

– Entre otros sitios.

Ella tragó saliva fuertemente.

– Eso quiere decir más de una vez, ¿verdad?

– Definitivamente más de una vez. Tengo ganas de descubrir todos tus pequeños y atractivos secretos.



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