
Se alzó ligeramente, la asió por la cadera y la colocó sobre su pene, alzando su cuerpo arriba y abajo, con el traje que se deslizaba fácilmente sobre el tablero pulido. Sam solo podía agarrarse a sus muñecas y mirar, gritar y retorcerse con el placer brutal.
Rick arrojó su cabeza hacia atrás y rugió cuando se corrió, empujando más fuerte dentro de ella y sus muslos temblando contra los femeninos.
La visión de su clímax disparó el de ella, haciendo que su vagina se agarrara a su pene de modo que él se estremeció y maldijo por el placer.
Cuando todo hubo terminado la atrajo contra su pecho, con el sudor uniendo sus pieles desnudas. Él se rió suavemente entre dientes y su mejilla descansó sobre la cabeza de ella.
Era abrumador e íntimo, y Sam estaba tan agradecida por la experiencia que quería gritar.
Era una pena que el mes que tenían por delante no pudiera durar.
Capítulo 3
– ¿Puedes acercar más esa luz? -pidió Sam, obviamente exasperada- La forma en que la sostienes hace difícil que pueda leer esto.
Rick se acercó un paso y se frotó la parte de atrás del cuello con vergüenza. No había estado prestando atención a lo que estaba escrito en la piedra. Había estado inclinando la luz para tener una mejor vista del trasero de Sam mientras avanzaba a gatas sobre el suelo polvoriento. Tenía un bonito trasero, redondeado y ligeramente rellenito, como el resto de su cuerpo. Sabía, tras observar cómo se racionaba los postres, que ella pensaba que estaba demasiado llena, pero él discrepaba completamente. Él era un hombre grande, con un apetito sexual fuerte. Si ella hubiera sido más pequeña habría tenido miedo de hacerla daño. Tal y como era, bellamente curvada, sus muslos almohadillaban sus profundos empujes y sus senos eran lo suficientemente grandes como para llenar sus manos.
