– Supongo -dijo él de mala gana.

Justo entonces una brillante luz giró una esquina y pudo ver claramente al profesor que había interrumpido su diversión.

– ¿Ese es el profesor? -dijo como si mordiera.

– Ah -dijo Curt con una mirada lasciva-. ¿Todavía te gusta divertirte un poco en el trabajo, eh, Sam?

El profesor era joven, esbelto y apuesto, si te gustaban los dioses dorados. Y si a Sam le gustaban Rick estaba en problemas, porque él era de los mercenarios oscuros y pesados.

– Sí, le gusta, y está interrumpiendo -gruñó él.

Curt alzó su mano libre en un gesto defensivo.

– No pretendía estorbar. En serio. Solo quería ver si podíamos hablar de una sociedad.

– Escuche. -Rick se puso en pie y alzó a Sam. Él abrochó de nuevo el traje de ella hasta la garganta-. ¿Por qué no me dice qué está haciendo en nuestra cueva antes de que empiece a tratar de negociar sin tener nada?

– Tengo mucho, confíe en mí. -Curt volvió su atención a Sam-. Uno de mis estudiantes de antropología encontró parte de una nota interna que se escribió la semana que la base de datos falló. Estaba estropeada, pero con un poco de codos conseguimos sacar algo de ella.

Sam alzó la vista de los pantalones a los que estaba quitando el polvo.

– ¿Por qué compartirlo conmigo? ¿Por qué no simplemente hacerlo tú solo?

– Sabes por qué -dijo él con un tono de voz demasiado íntimo-. Tú eres mucho mejor en investigación forense que yo.

– ¿Y a cambio? -Ella arqueó una ceja.

– Quiero el treinta y tres por ciento.

– No joda -ladró Rick. La mano de Sam en su brazo no le hizo sentirse mejor. Solo le enfadó más. Ella no podía estar considerando la propuesta de este tipo…

Curt se encogió de hombros.

– Como veáis. Os veré en Rashier 6 en tres semanas. Quizá hayáis cambiado de opinión para entonces.

Rick apretó los puños. El pensamiento de ese tipo con Sam después de que su mes hubiera acabado le hizo hervir la sangre.



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