
Curt se puso rígido detrás de ella.
– ¿De qué estás hablando?
– No. Hay. Ninguna. Base. De. Datos. ¿Lo pillas? ¿Por qué piensas que nadie la ha encontrado nunca? No existe.
– ¿No existe? -gritó él mientras la apartaba para poder examinar sus rasgos con su mirada. Rick atrapó la muñeca de ella y la colocó detrás de él de un tirón, escudándola con su cuerpo.
– No, Asno sin Seso -escupió Sam-. Tú sabes cuánta investigación he hecho, el tiempo que he buscado, todos los lugares que he excavado. No hay nada que encontrar o alguien ya lo hubiera encontrado.
– ¿Entonces por qué estás aquí? -Curt agitó la pistola salvajemente hacia Rick- Con él. ¿Por qué estarías aquí si no hubiera ningún tesoro?
Ella tragó saliva y se arriesgó a lanzar una mirada a Rick. Sus ojos permanecían fijos en el arma de Curt y su mano en la cintura de ella la mantenía firmemente detrás de él. Dirigiendo la vista hacia sus pies dijo:
– Porque quería estar con él y esta era la única forma de hacerlo.
– ¿Qué? ¿Me estás tomando el pelo?
Rick estaba sorprendentemente silencioso.
– No, en absoluto. Sabía que si le decía que el tesoro era un mito me enviaría a casa.
– ¿Lo dices en serio Samantha? -Curt la miró boquiabierto- ¿Todo esto ha sido por nada?
– Si quieres el tesoro entonces sí, esto ha sido por nada, lo que no es menos de lo que te mereces por hacer esta peligrosa estupidez. -Su voz bajó de volumen-. Pero para mí, yo sí conseguí algo. Incluso si no consigo retenerlo.
Los ojos de Curt se entrecerraron con sospecha e inclinó su barbilla en dirección a la bolsa a los pies de ella.
– ¿Qué hay en la bolsa? ¿Por qué traes tus instrumentos si no hay necesidad de ellos?
Su rostro se bañó en un rubor ardiente.
– No son mis instrumentos.
– No te creo. Abre la bolsa y pruébalo.
– ¡Que te jodan! -dijo Rick-. Aparta la pistola.
