
– No hasta que ella abra la bolsa.
Resignada, Sam se puso en cuclillas y abrió el cierre, revelando una variedad de artilugios sensuales.
– ¿Juguetes sexuales? -gritó Curt.
Ella sintió el escalofrío que recorrió la poderosa figura de Rick.
– ¡Santo Dios, Sam! -Curt lanzó las manos hacia lo alto- Solías ser una experta literaria, ahora eres…
El puño de Rick conectó con la mandíbula de Curt con un crujido estremecedor. El profesor quedó inconsciente y cayó a sus pies.
– ¡Guau! -Los ojos de ella se dilataron- Eso fue tan genial. Adoro cuando te pones todo macho.
– Me alegro de que lo apruebes. -Él sacudió la cabeza-. Todavía no puedo creer que durmieras con este tipo.
– No me lo recuerdes. ¿Qué hacemos ahora con él?
– Voy a atarle de pies y manos y sacarle fuera. -Él se giró para encararla, con sus ojos azules oscurecidos por una alerta predadora. Ella retrocedió un paso-. Cabeza de chorlito puede esperar hasta que hayamos terminado. Entonces los llevaré a él y a la cinta de vídeo a las autoridades.
– Tuviste razón en que Curt vendría detrás de nosotros.
– Sí, y tú tuviste razón en que trajéramos el vídeo para probarlo. Somos un buen equipo.
Sam cerró la bolsa y se la colgó sobre el hombro.
– Sácalo fuera y vámonos. El ascensor está aquí.
Él se quedó rígido.
– ¿Ir adónde?
– A conseguir los libros electrónicos.
– Dijiste que no sabías dónde estaban.
– No iba a decirle dónde estaban. -Sam empujó suavemente a Curt con la punta de la bota-. Así es que mentí. Sabía que eso lo frustraría lo suficiente para bajar la guardia y darte una oportunidad. Es uno de las razones por la que es pésimo en el trabajo forense. Tenía la misma información que yo, simplemente no conseguía casarla para alcanzar las mismas conclusiones. El vídeo probará que no puede reclamar nada del tesoro.
Rick estaba extrañamente absorto mientras caminaba hacia ella.
