
Ella enrojeció y apartó la mirada rápidamente.
– Lo siento. Quería decir tener sexo. En serio. Un desliz de la lengua. No te sientas presionado. Sé que tenemos una relación de sexo sin compromiso. Estoy totalmente de acuerdo con eso. Estoy…
– Yo no estoy de acuerdo con eso. -Él le alzó la barbilla y la obligó a mirarlo.
– ¿No lo estás?
– No.
– Me estás dirigiendo La Mirada. -Ella le miró boquiabierta-. ¡Santa madre de Dios!, no puedo creer que me estés dirigiendo La Mirada después de lo que acabo de decirte.
Él inclinó la cabeza y le lamió el labio inferior.
– ¿La Mirada «prepárate porque voy a hacerte el amor»?
– ¿Hacerme el amor? -susurró ella contra su boca con el corazón acelerado.
– No puedo creer todas las locuras que has hecho solo para estar conmigo. -Rick la atrajo más cerca y descansó su mejilla sobre la cabeza de ella-. Me siento totalmente adulado porque una mujer con tu cerebro haga algo tan completamente fuera de lugar por un tipo como yo.
Ella resopló.
– No todos los días entra en mi oficina un magnífico mercenario y me ofrece el pasar un mes conmigo. Habría tenido que ser tonta para desperdiciar la oportunidad de juntarme contigo. Nunca pensé que terminaríamos siendo amantes. Solo pensé que podría disfrutar mirándote un poco.
La mirada que él la dirigió cuando la empujó hacia atrás era a la vez ardiente y profundamente afectuosa.
– Librémonos del profesor y hundámonos en esos juguetes que trajiste. -Él le besó la punta de la nariz y luego se rió en voz alta-. ¿Estabas planeando una seducción aquí? ¿Sobre el sucio suelo? No es que me importe -le aseguró él rápidamente.
El hecho de que él no quisiera arriesgar su oportunidad de jugar con ella le hizo sentirse toda estremecida por dentro.
– Estaba planeando un último jugueteo contigo. Sabía que cuando te dijera la verdad de todo te enojarías verdaderamente. -Ella enrojeció-. Estaba siendo egoísta de nuevo.
