– ¿Quién dijo que yo iba a trabajar para usted?

Rick resopló.

– Sobrevive de subvenciones para su investigación. Para conseguir esas subvenciones se ve obligada a dar conferencias y a ofrecer parte de su preciosa colección para exposiciones itinerantes de museos. Oí que perdió a buena parte de su colección de cultura pop en una incursión de piratas de antigüedades hace unos pocos meses.

– Así fue. -Ella suspiró con pena-. Fue terrible. Años de coleccionar y catalogar perdidos. -Sacudiendo la cabeza presionó el botón que abría el cajón de su escritorio. Se deslizó hacia fuera silenciosamente y ella hurgó en los contenidos dispersos.

– Piense en los créditos que recibiría si encontráramos la base de datos perdida. ¿No encuentra el pensamiento tentador?

Tras alzar la vista Sam se le quedó mirando duramente.

– ¿Cuánta sería mi parte exactamente?

– La mitad.

– ¿Me daría la mitad? -Los ojos de ella se entrecerraron con sospecha.

– Seguro. Usted es el cerebro y yo soy el músculo. Seríamos un equipo, por lo tanto debería conseguir tantos créditos como yo.

– Yo podría guardarme el cerebro y alquilar músculo en cualquier lugar. Entonces podría quedarme más de la mitad. ¿Qué tiene que ofrecer a cambio de su parte?

– ¿Qué hay de esto? -Metió la mano bajo la camisa y sacó una cadena que llevaba alrededor del cuello. Colgando de ella había un pequeño chip de datos cilíndrico-. Me dijeron que esta era «la llave», sea lo que sea lo que eso signifique. No pude encontrar ningún detalle sobre cómo usarla, pero encontré un montón de referencias a que se necesitaba una llave para acceder a la base de datos.

– ¿Dónde consiguió eso? -preguntó ella mientras tendía la mano para cogerlo.

Las cejas de él se alzaron de nuevo.

– La gané en una apuesta. El dueño anterior había dejado de tratar de hacer algo con ella. -Cuando él dejó caer de nuevo la cadena dentro del cuello de la camisa Sam pudo vislumbrar una piel cálida y dorada-. Puede examinarla todo lo que quiera si está de acuerdo en ayudarme.



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