Antes de aproximarse a ella Rick había investigado sus áreas de especialidad. Había visto sus fotos, leídos sus teorías y examinado las fotos de sus colecciones en las bases de datos. Nada de eso había sido capaz de expresar a la mujer como era en persona. Había algo en ella, una cualidad indefinible, casi como si anhelara algo.

Al conocer a las mujeres como las conocía, Rick diría que estaba ansiosa por un buen revolcón. Dudaba que la hubieran montado apropiadamente alguna vez.

La mayor parte de los hombres eran tristemente ignorantes de las mujeres como Samantha, y pensaban que les gustaba una mano suave. Tal vez era así con la mayoría. Pero había pistas que le decían que Samantha no era una de ellas.

El pelo por un lado.

Por todos los dioses, esas guedejas de seda color chocolate habían caído de ese tenso rodete y se había puesto al instante duro como una piedra. Lo llevaba así para que no la estorbara, pero no se lo cortaba. ¿Por qué? Apostaría que era porque la hacía sentir sexy. Él podía fácilmente verla desnuda, con esa cascada de pelo oscuro cayendo por su espalda.

Y luego estaba el regalo obvio -su experiencia en el romance erótico antiguo.

Era considerada una de las autoridades principales de la galaxia en la materia. Se preguntaba si algún hombre había sido lo suficientemente listo como para aprovechar al máximo todo ese conocimiento. Demonios, él se ofrecería como sujeto de investigación en cualquier momento.

De hecho, planeaba hacer justo eso.

Después de la forma adorable en que había enrojecido con sus propios pensamientos verdes sabía que ella sería muy traviesa, y la perspectiva de toda la diversión que podía tener con ella todo el mes siguiente era demasiado buena para renunciar a ella. Los dos solos en su nave, con días que pasaban sin nada que hacer además de estar tumbados en la cama y follar como locos. Tenía que palmearse a sí mismo en la espalda por haber venido en busca de Samantha Tremain en lugar del profesor Terrance Milton de la Universidad Tolana. La intención de Rick no había sido el verse envuelto en nada personal, pero reconocía una oportunidad inestimable cuando le saltaba a la cara. Y un gran trasero. También reconocía uno de esos cuando lo veía.



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