
Vio cómo Robillard agachaba la cabeza para oír lo que le decían los Zagorski. Heath no estaba preocupado. Robillard podía ser un guaperas de Los Angeles, pero no era un estúpido. Sabía que todos los agentes del país se interesaban en él, y no iba a tomar una decisión de la noche a la mañana.
Una gatita sexual con la que Heath se había acostado un par de veces en los días anteriores a la concentración lo abordó meneando la melena, los pezones fruncidos como dos cerezas en sazón bajo un top ceñido y provocador.
– Estoy haciendo una encuesta. Si sólo pudieras disfrutar de un tipo de sexo el resto de tu vida, ¿con cuál te quedarías? Hasta ahora, la votación está tres a uno a favor del sexo oral.
– ¿Te vale si lo dejo en sexo heterosexual?
Las tres mujeres se desternillaron de risa, como si nunca hubiesen oído algo más gracioso. Al parecer, era el rey de los monólogos de humor.
La fiesta empezó a animarse, y algunas de las mujeres en la pista de baile empezaron a desfilar bajo los chorros de agua que daban su nombre a Waterworks.
