
Beth carraspeó al oír la conversación. Ninguno de los dos se dio cuenta.
– No el campeón mundial -sonrió él seductoramente. Seguramente dejaría embobada a cualquier mujer con una sonrisa así-. Tal vez campeón de su club. Pero Deportes Jefferson vende más de un tipo de sueño. Vendemos cosas para disfrutar del aire libre. Artículos para camping, cañas de pescar, equipos para practicar deportes, en resumen, el antídoto para su tipo de cocina.
– Necesitas una tienda de campaña, ¿no es cierto, Cassie? -lijo Beth, antes de que la conversación degenerase totalmente-. Si se lo pides amablemente. Estoy segura de que Nick te enseñará todo lo que tiene -hizo una pausa, y sonrió pícaramente-. Nunca se sabe. A lo mejor te ofrece ponértela.
– ¿Va a ir de camping? -le preguntó Nick a Cassie.
– Seguro -dijo Beth-. De hecho, se va con tres hombres jóvenes adorables.
– Muchachos -aclaró Cassie para que Beth no siguiera con aquel juego de insinuaciones para despertar el interés de Nick por ella-. Y ya tengo una tienda de campaña.
– ¿Tres muchachos? -Nick miró la mano de Cassie. No tenía alianza-. ¿Sus hijos? -le preguntó.
– Mis sobrinos. Quieren salir un poco. Y como mi hermana y mi cuñado van a estar fuera una semana, me he ofrecido a llevarlos.
– ¿Sólo usted y los tres chicos? Beth tiene razón. Es posible que necesite a alguien que la ayude a poner la tienda.
– ¿Sí? ¿Es muy difícil?
– Una pesadilla si no sabe hacerlo.
– ¿Se lo advierte a sus clientes cuando les vende una de las tiendas de campaña de sus sueños?
