
– Les aconsejamos practicar en el jardín de sus casas antes de ir con ella al Amazonas. ¿Ha hecho eso, señorita Cornwell?
– ¿Ir al Amazonas?
– Practicar en el jardín.
– Aún no.
– Debería hacerlo. Este clima no va a durar siempre. Es posible que llueva o que haya mucho viento adonde vaya.
– ¿Se está ofreciendo a mostrarme cómo se monta una tienda, señor Jefferson? -estaba segura de que no era así.
Seguramente lo hacía siempre, pensó Cassie. No se trataba de algo personal. Él no estaba interesado en ella en absoluto. Simplemente no podía evitar seducir constantemente.
– Es posible. ¿Qué le parece si lo hablamos mientras almorzamos? -dijo él.
¿Almorzar? Realmente era increíble. ¿Se creería de verdad que se echaría en sus brazos por gratitud?
– ¿No va a estar demasiado ocupado persiguiendo rubias de piernas largas para preocuparse por mí y por tres niños? -le preguntó ella, y tomó uno de sus libros para firmarlo.
– ¿Quién ha dicho que persigo a alguien?
¿Qué insinuaba? ¿Que lo perseguían a él?
– El nombre de su hermana es Helen, ¿no es verdad?
– Sí.
Ella firmó el libro, se lo dio a Beth para que lo envolviera y esperó que él se marchase. Pero él no lo hizo.
– No se olvide de mi libro, Cassandra -le recordó él.
Ella supuso que la compra de su libro era parte del juego, y estaba segura de que así era, pero si él quería tirar el dinero, era cosa suya. Cassandra tomó otro ejemplar de la pila, lo abrió y se quedó mirando la hoja en blanco.
Luego escribió:
Para Nick Jefferson, un hombre al que se debe tomar sólo con una pizca de sal.
Lo firmó y se lo dio.
CAPÍTULO 2
NICK se quedó mirando la dedicatoria Luego le dio el libro y su tarjeta de crédito a Beth. Pero no hizo ningún comentario. Un hombre debía pagar sus placeres, después de todo. E intentar seducir a Cassandra Cornwell había sido algo especial. No estaba muy seguro de poder considerarlo un placer. A excepción de ese beso. Y realmente no había bromeado cuando había hablado de las fresas.
