
Nick se había dado cuenta de que ella se había ruborizado, a pesar de querer mantener un comportamiento frío con él. Estaba causando alguna impresión en Cassandra Cornwell, aunque no sabía cuál.
– Pero compraré el libro de Cassie, si me lo firma -agregó él.
– Por supuesto que te lo firmará -dijo Beth en tono profesional-. ¿Qué quieres que te ponga?
– ¡Oh! Eso se lo dejaré a Cassie. Estoy seguro de que sabrá qué poner -contestó él, ofreciéndole el libro.
– ¿Qué tal si pone: A Nick Jefferson, la experta… -dijo Beth.
– La más reconocida experta en cocina de la ciudad -Nick completó la frase de Beth antes de que ésta dijera algo fuera de lugar.
– Pero usted no sabe cocinar -le recordó Cassie con extremada cortesía.
Nick sintió que ella hubiera preferido arrojarle un libro a la cabeza. Una pila entera de libros, tal vez. Y pensó que le habría gustado verla en esa actitud.
– ¿Quiere decir que su libro no va a enseñarme a ser un perfecto cocinero en tan sólo unos minutos? -preguntó él, provocándola-. ¿Es ése el mensaje que quiere difundir?
– Al contrario. Cualquiera puede calentar una comida congelada de las que se venden en el supermercado actualmente -ella puso la mano encima de la pila de libros que estaba a su lado-. Mis libros tratan de la vieja cocina, una cocina que lleva tiempo y mimo preparar. Mis lectores cocinan por placer, Nick, y yo también. No tiene nada que ver con la satisfacción de una comida rápida.
– Ahora comprendo por qué su programa de televisión es tan popular, Cassandra. Es una cuestión de nostalgia, un valor en alza en la actualidad.
– ¿No añora nunca comer un budín de arroz como los que hacía su madre? Con mantequilla, nuez moscada y pasas de uva?
– No. Siempre he preferido las fresas recién recogidas del campo. Y más si son robadas…
Era evidente que él no hablaba de los budines.
– Eso también es una cuestión de nostalgia -lo interrumpió ella-. ¿Y qué me dice de los sueños que está vendiendo usted? -ella le hizo señas hacia los pisos de arriba, la torre de cristal de la central de Deportes Jefferson, que brillaba con el sol de verano y dominaba la ciudad-. Compre esta raqueta de tenis, o estos palos de golf, y será el campeón mundial. ¿Es ése su mensaje? ¿Qué tiene de verdad?
