
– Nick. Llámeme Nick, por favor.
– Nick, ésta es Cassandra Cornwell, una mujer cuya pastelería podría conquistar tu corazón. Ella preparó la comida de mi boda, conoció a una presentadora con la que salía mi hermano, y lo demás es historia conocida.
Nick miró a Beth, que ya había terminado la representación del status de solterón de Nick Jefferson. En ese momento se encontraba apoyada en el mostrador de la caja.
– ¿Historia conocida?
– Me refiero a la historia de la televisión. Cassie tiene el mayor índice de audiencia de un programa sobre cocina en toda la historia de la televisión. Las mujeres miran su programa para aprender a cocinar como sus madres. Los hombres ven su programa y se les cae la baba -Beth miró a Nick con picardía-. Es posible que sea su tarta de toffee lo que los atrae, pero se me ocurre que no.
– No, yo tampoco creo que sea eso -dijo él.
– Acaba de regresar a vivir a Melchester.
– Tiene mucha suerte Melchester.
Aunque era más baja de lo que él solía exigir en una mujer, y rellenita, no era delgada como una modelo, Cassandra Cornwell, pensó él, era exactamente el tipo de mujer que un hombre desearía encontrarse en la cocina al final de un largo día en la oficina. Tibia, hogareña, cálida. Alguien para hacerte masajes en el cuello y servirte una cena digna de los dioses. En pocas palabras, el tipo de mujer con la que un hombre podría casarse para tenerla sólo para él. No era su tipo en absoluto, excepto por sus labios.
Cassie se dio cuenta de que se había quedado un poco atontada, tragó saliva y sonrió amablemente.
– Hola, Nick.
Nick debió soltar su mano después de estrecharla, pero no lo hizo. Cassie se dio cuenta de que empezaba a sentir un hormigueo en su piel. Miró en dirección a Beth para pedirle que la rescatase, pero ésta se había ido al fondo del local con un cliente y había desaparecido hacia la parte de atrás de la tienda. Al parecer, Nick no tenía intención de soltarle la mano. Ella empezó a sentir calor por todo el cuerpo.
