
Tal vez por eso Nick le tocó la comisura de los labios, y tal vez por ello fue que, cuando ella no había salido aún de su asombro por aquel inesperado gesto, la besó.
Fue un shock. O al menos debió de ser un shock. Porque él era un extraño, aunque los habían presentado. Ella debería haberlo frenado, lo sabía. El problema era que no era el tipo de beso que una chica quisiera cortar.
Él tampoco parecía tener prisa en dejar de besarla.
Los labios de Nick se movieron suavemente, pero con decisión, como si estuviera buscando algo muy preciado. Y cuando finalmente paró, ella se oyó un suspiro de arrepentimiento.
En ese momento se dio cuenta de que había sido ella la que había buscado prolongar el beso, levantando la cara a modo de invitación, entreabriendo los labios. Abrió los ojos y vio a Nick Jefferson observándola. Era la mirada de un hombre acostumbrado a las conquistas inmediatas.
– Tenía razón -dijo él, antes de que ella pudiera preguntarle qué diablos estaba haciendo. En realidad parecía sorprendido.
– ¿Razón? -dijo Cassie. Ella estaba indignada, pero él la había distraído de su indignación.
Entonces se dio cuenta de que estaba con la cara levantada, como si le estuviera pidiendo que la volviera a besar. Hizo un esfuerzo por recomponerse y repitió:
– ¿Que tenía razón acerca de qué? -Cassie intentó retirar la mano, pero él no la dejó.
Al darse cuenta de que la gente que había los estaba mirando, se quedó quieta para no hacer una escena.
– Tenía razón acerca de tu boca -dijo él-. Tiene sabor a fresa.
“¡A fresas!”, pensó Cassie, y rogó que no se pusiera colorada bajo la intensidad de su mirada. Estaba furiosa consigo misma. El hombre era incorregible; ella no tenía por qué animarlo.
Pero el contacto con su mano le había provocado un estremecimiento… Se le había olvidado la sensación de cosquilleo al sentirse atraída por alguien. Hacía tanto que no ocurría, que tal vez había creído que no volvería a suceder.
