De todas formas, seguramente él lo habría dicho para impresionarla.

– ¿Fresas? ¿Qué tipo de fresas? -le preguntó ella.

Él sonrió seductoramente.

– Las pequeñas. Ésas que son bien rojas, y que al morderlas sueltan un zumo exquisito.

Evidentemente ella no había logrado que depusiera su actitud descarada.

– ¡Oh! -contestó Cassie. La imagen que había evocado era tan sensual que mejor se hubiera callado.

Nick se acercó a ella y se sentó en el borde de la mesa donde estaba sentada. Entonces se inclinó para tomar un libro de cocina, rozándola en el movimiento.

Ella se quedó paralizada al aspirar aquella tibia fragancia masculina, mezclada con olor a ropa limpia, jabón y un rastro de colonia.

Nick Jefferson, en cambio, hojeó las páginas como si nada. Ella sintió la tentación de darle con el libro en la cabeza, pero se reprimió. Sería mejor seguir su ejemplo y hacer como si nada.

Pero una cosa era decirlo y otra hacerlo. Sus labios se habían quedado temblando después de aquel beso, y ella se descubrió preguntándose qué sentiría si Nick Jefferson le tomaba la cara entre las manos y la besaba en serio.

Pero, ¿se estaba volviendo loca?, pensó ella.

– Estoy seguro de que a Helen le va a encantar el libro -dijo él, sobresaltándola.

– ¿Helen?

– Mi hermana -dijo él con una sonrisa malévola, como si hubiera intuido la pizca de celos en ella al oír el nombre de otra mujer. '

Él era un arrogante, sin duda, pero ella era idiota. -Bueno, no quiero convencerlo de que no compre uno de mis libros, pero estoy de acuerdo con Beth. No es el tipo de regalo que una chica puede esperar para su cumpleaños.

– Bueno, es sólo un regalo extra. A Helen le encanta cocinar. Colecciona libros de cocina, igual que otras mujeres coleccionan joyas. Es una fan suya, es por lo que al ver su póster fuera se me ocurrió la idea. Ahora que la conozco, comprendo por qué es su admiradora.



6 из 126