
Cassie ignoró el cumplido. Sinceramente dudaba que él la hubiera oído nombrar, y además estaba segura de que él no era el tipo de hombre que se pondría a hablar de cocina con su hermana.
– A mí me gustaría más que alguien me regalase joyas para mi cumpleaños y los libros de cocina comprármelos yo -dijo ella.
– No se preocupe, Cassandra. Encontraré alguna bonita sorpresa para regalarle. No miro tanto el dinero.
Ella estaba segura de ello. Al contrario, seguramente sería muy generoso con lo que pudiera comprarse con dinero. Pero había algo en el interior de Cassie que le advertía que debía de ser tan miserable como Scrooge en cuestiones de compromiso emocional.
– ¿Quiere que le firme un ejemplar para su hermana? -preguntó ella, extendiendo la mano para que él le diera el libro.
Nick no parecía tener prisa, porque le dio el libro muy lentamente, asegurándose de que ella pudiera ver la foto que él había estado mirando.
– ¿Budín de Sussex en salsa? -preguntó él.
Ella estaba segura de que él no tenía ningún interés en las recetas, sino que perseguía seducirla.
Pero ella estaba decidida a no dejarse arrastrar por un hombre que, evidentemente, se creía irresistible, y que probablemente lo sería, para alguien que buscase una aventura. Pero ella no buscaba eso.
– ¿Lo ha probado? -preguntó ella después de un carraspeo con el que buscaba usar un tono más duro con él-. Es un postre tradicional inglés -le explicó ella como si estuviera tratando con un adolescente de catorce años-. La salsa se hace con zumo de limón y mantequilla que se pone en el fondo del molde, de manera que cuando se desmolda, cae por encima. Tiene muchas calorías, por supuesto, pero es delicioso -agregó-. Tal vez si la sorpresa gusta a su hermana, se lo prepare algún día.
