
– No, me parece bien así como está. Necesito las horas. ¿Qué hay para mañana?
– Sólo dos. Mañana es un día de madrugón para mí también; llevo a la señora Wingate a Denver a pasar unas vacaciones, así que volveré vacío a menos que pueda recoger algo. El otro es… -Se detuvo, buscando entre los papeles que tenía sobre el escritorio el contrato que había rellenado Karen.
– Un vuelo de carga a Sacramento -apuntó Karen desde su oficina, sin preocuparse por aparentar que no estaba escuchando la conversación.
– Un vuelo de carga a Sacramento -repitió Bret sonriendo, como si Cam no la hubiera oído perfectamente. De nuevo se oyó el gruñido de la secretaria. Bret garabateó una nota y la deslizó por encima de su escritorio; Cam se acercó para poner un dedo sobre el papel y darle la vuelta.
«Pregúntale si se ha puesto la vacuna contra la rabia», decía la nota.
– Claro -dijo él, y elevó la voz-: Karen, Bret quiere que te pregunte…
– ¡Cállate, gilipollas! -Bret se puso en pie de un salto y golpeó a Cam en el hombro para impedirle que terminara la frase. Riéndose, Cam abandonó la habitación para ir a su oficina.
Karen lo volvió a observar con una torva mirada.
– ¿Qué quiere Bret que me preguntes? -exigió.
– No te preocupes. No era nada importante -respondió Cam inocentemente.
– Ya, apuesto que no -murmuró ella.
Cuando se estaba sentando, sonó el teléfono, y aunque en principio coger las llamadas era tarea de Karen, como ésta estaba ocupada y él no, apretó el botón de la línea uno y contestó:
– Executive Air Limo.
– Soy Seth Wingate. ¿Tiene mi madrastra reservado un vuelo para mañana?
La voz del hombre era brusca, y a Cam se le erizó de rabia el vello, pero mantuvo un tono neutro:
