El rafting era la debilidad de Logan; él y Peaches, su esposa, se habían conocido cuando lo practicaban. Bailey lo había probado en sus años de universidad y le había gustado, así que le había parecido una forma ideal de compartir algunos días con ellos. Su familia estaba dispersa, nunca habían sido aficionados a las reuniones, de modo que no los veía a menudo. Su padre vivía en Ohio con su segunda esposa; su madre, cuyo tercer esposo había muerto hacía casi cuatro años, vivía en Florida con la hermana de su segundo ex esposo, que también era viuda. La hermana mayor de Bailey, Kennedy, estaba establecida en Nuevo México. Bailey tenía más relación con Logan, que era dos años más joven, pero no lo había visto desde el funeral de Jim; él y Peaches habían sido los únicos miembros de su familia que habían asistido. Peaches era un encanto y la favorita de Bailey entre todos sus parientes políticos.

Aquel viaje había sido idea de su cuñada y durante varios meses habían intercambiado correos electrónicos para preparar los detalles. Habían decidido alquilar el material más pesado, como las tiendas, los hornillos y las lámparas que necesitarían para acampar durante dos semanas cerca del punto de partida, y la comida y otras cosas esenciales -como papel higiénico- las comprarían en Denver; pero, aun así, las maletas de Bailey estaban atiborradas de trastos que podrían necesitar.

Su limitada experiencia en la práctica del rafting le había enseñado que era mejor llevar algo inútil que necesitarlo y no tenerlo. En la segunda de sus excursiones anteriores le había llegado el periodo con unos días de anticipación y la había pillado totalmente desprevenida. Lo que debía haber sido divertido se había convertido en un auténtico calvario, porque había tenido que usar sus calcetines de reserva como compresas y se había pasado con los pies fríos y húmedos casi todo el viaje.



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