
Encargar que pintaran los aviones había resultado caro, pero había merecido la pena. Ante él se presentaba el negro brillante atravesado por una fina línea que se curvaba hacia arriba desde el morro hasta la cola. Los dos Cessnas -un Skylane y un Skyhawk- ya estaban pagados, libres de cargas; él y Bret se habían dejado la piel los dos primeros años haciendo trabajos complementarios además de volar para pagarlos lo más rápidamente posible y disminuir así su endeudamiento. El Piper Mirage era casi suyo, y en cuanto terminaran de pagarlo planeaban duplicar las cuotas del Lear 45 XR de ocho plazas, que era el preferido de Cam.
Aunque, en realidad, el Lear era muy parecido en longitud y envergadura al Strike Eagle F-15E que había pilotado su compañero mientras estaba en las Fuerzas Aéreas. Bret, desde entonces, se había acostumbrado a los Cessnas, mucho más pequeños, y al Mirage, de tamaño mediano, y prefería su agilidad. Cam, que había volado en el enorme Extender KC-10A durante su periodo de servicio militar, prefería ir en un avión más grande. Sus preferencias eran reveladoras de las diferencias básicas que existían entre ellos como pilotos. Bret era piloto de combate, audaz y con reflejos rápidos como el relámpago; Cam era el tipo seguro, en cuyas manos querrías estar cuando un avión necesitara repostar combustible a miles de metros de altura, a cientos de kilómetros por hora. El Lear necesitaba hasta el último centímetro de la pequeña pista para despegar, así que Bret estaba más que contento de que Cam ocupara el asiento del piloto durante esos vuelos.
Les había ido bien solos, pensó Cam, y al mismo tiempo realizaban una actividad que les apasionaba a ambos. Llevaban el ansia de volar en la sangre. Se habían conocido en la academia de las Fuerzas Aéreas, y aunque Bret estaba en un curso superior, se habían hecho amigos y habían continuado siéndolo en diferentes maniobras, en diferentes cursos de la carrera profesional y en diferentes destinos. Se habían visto a lo largo de tres divorcios -dos de Bret y uno de Cam- y muchas novias. Casi sin planearlo realmente, mediante llamadas telefónicas y correos electrónicos, decidieron asociarse al abandonar la vida militar; siempre estuvieron de acuerdo en el negocio que querían. Un pequeña compañía de vuelos charter parecía lo más apropiado para ellos.
