
El extraño, seguro de su poder, dio un nuevo tirón a la manga, quizá con la intención de cargárselo al hombro o de llevarlo en vilo sobre el agua, y lo que consiguió fue desenfundarla del brazo con una limpieza a la que contribuyó la posición de bruces y totalmente vencida del hombre arrastrado. Los dos dudaron un segundo. El extraño observó la manga esperando encontrar un brazo dentro y el otro observó la manga preguntándose dónde estaba su brazo. Pero el segundo del arrastrado fue más breve. Con un giro brusco, más desaforado que preciso, se quedó en posición de librarse también de la manga, que era la manga de la cazadora, que todavía tenía enfundada. Sólo tuvo que volver el cuerpo y dar un golpe de hombro. Enseguida estuvo libre y rodando por el suelo, mientras su adversario se quedaba con la cazadora en la mano viéndole dar vueltas.
Echó a correr. El otro tardó en hacerlo y, cuando lo hizo, se llevó con él la cazadora, dispuesto a no perder nada de lo que había venido a llevarse.
Estaba encima pocos metros después. Sin soltar la prenda, le agarró por el cinturón de las cartucheras y le atrajo con una facilidad contra la que nada pudo el intento, ya enloquecido, de seguir corriendo y de arrastrar con esa carrera la masa íntegra de músculos sujeta al cinturón. Durante un tiempo, quizá breve en la cabeza del extraño e inesperadamente largo en la suya, llegó a estar convencido de que al final conseguiría arrastrarlo.
Poco después estaba exhausto. De espaldas al que le agarraba, resollaba como un animal al que le han estrangulado los pulmones. Él mismo se volvió mansamente hacia el perseguidor y el perseguidor le recibió con algo parecido a una sonrisa que en realidad era una boca apretada y desdeñosa. Se quedó mirando ese rictus, mirando la cazadora y mirando la mano del cinturón, igual que si leyera en un documento que la propiedad de su persona había cambiado de manos. No supo por qué pensó entonces que eso también tenía relación con la vida de la que no podía acordarse. Una vida que, fuera cual fuese, ahora estaba en otras manos.
