– He dicho que nada.

– Vas a decir qué es -el tono de Martin se hizo duro y la mano se soltó del hombro.

Abdellah se agarró a la muleta con las dos manos y retrocedió un paso. No se atrevía a mirar a Martin y desvió la vista hacia la parte donde terminaba la callejuela, con serones dejados a la entrada y hombres con chilaba sentados en los quicios. La calle tenía un raíl de arena negruzca en el centro y olía a sumidero. El aire espeso y caliente parecía haber sido respirado muchas veces.

¾ ¡Abdellah!

La escena se quedó parada un momento. Todo estaba hecho y dicho y nada nuevo iba a cambiar las cosas. Pero aquel silencio constante de los que le miraban acabó por aplastar al muchacho raquítico que se escurrió imperceptiblemente hacia abajo y movió los labios varias veces antes de que pudiera escucharse la primera palabra.

– Botho te va a matar. Tú sabes -sólo se dirigía a Martin- que es mucho más fuerte que tú. Y lo que me da rabia es que todos los de aquí lo saben. Todos lo saben y yo no sé qué quieren ver. Ir al puente para que Botho te mate. Tú nunca te has peleado. Tú eres mi amigo. ¿Para qué quiero ver cómo te pegan? ¿Y para qué quieren verlo éstos? Pero yo no quiero que pienses, tú nunca tienes que pensar eso, que creo que eres un cobarde o un débil. Tú no eres esas cosas y por eso además no tienes que ir a pelear al puente.

– Abdellah -la voz de Martin acarició la cara atormentada y esquelética al mismo tiempo que una mano la levantó por la barbilla-. Escúchame. Tenemos que ir. Vamos a ir ahora.

– Sí, Martin.

Salieron del zoco y caminaron por una avenida con casas altas y plátanos, por la que circulaban coches. Aquél parecía un mundo muy distinto al de la callejuela. Luego torcieron por la esquina de una casa grande donde había corros de hombres en los bancos de una explanada. Bajaron por una calle de repente muy estrecha y volvieron a encontrar casas bajas, pero más adecentadas que las del zoco. Terminaron en una barrera de piedra, con una lengua de mar debajo y las revueltas impresionantes de un río sobre una extensión verde de kilómetros, a la derecha.



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