
Augusta se tocó el labio inferior con la punta de la lengua y esbozó una sonrisa.
– Milord, creo que está usted atrapado en la maraña de sus propias reglas. No puede contarle a Enfield este incidente sin violar su propio código de honor, ¿no es así?
– Tiene razón. No diré una palabra a Enfield, pero por motivos personales, señorita Ballinger. Y como no está enterada de esos motivos, le sugiero que no saque conclusiones.
Reflexiva, la muchacha inclinó la cabeza a un lado.
– La razón de su silencio sería el respeto a mi tío, ¿no es así? Es su amigo, y no quisiera avergonzarlo a causa de mis acciones.
– Eso se acerca más a la verdad, pero no lo explica todo, de ninguna manera.
– Bueno, cualquiera que sea el motivo, se lo agradezco. -Al comprender de pronto que tanto ella como su amiga Rosalind Morrissey estaban a salvo, sonrió. Pero entonces recordó que quedaba sin responder una pregunta-. Milord, ¿cómo sabía usted que yo pensaba hacer esto?
Esta vez fue Graystone quien sonrió. La peculiar curva de sus labios tuvo el efecto de provocar en Augusta un estremecimiento de alarma.
– Con un poco de suerte, esta cuestión la mantendrá desvelada un buen rato esta noche, señorita Ballinger. Piénselo bien. Quizá le beneficie reflexionar acerca del hecho de que los secretos de una dama están siempre expuestos a las murmuraciones. Por lo tanto, una joven prudente cuidaría de no correr el riesgo que ha asumido usted esta noche.
Abatida, Augusta frunció la nariz.
– No tendría que habérselo preguntado. Es evidente que una persona de temperamento altanero aprovecharía cualquier oportunidad de reprimenda. Sin embargo, lo perdono esta vez porque estoy agradecida por su ayuda tanto como por su silencio.
– Y espero que continúe así.
– Estoy segura. -En un impulso, Augusta volvió hacia el escritorio, se detuvo ante el conde y, poniéndose de puntillas, le estampó un breve beso en el borde de la mandíbula. Bajo la suave caricia, Graystone permaneció inmóvil como una piedra. Augusta supo que lo había desasosegado y no pudo resistir la tentación de reír-. Buenas noches, milord.
