—Parth te vio por primera vez cerca de esa playa cobriza, creo. Hace ya cinco años y medio. ¡Mucho tiempo! ¿Es hora de que hablemos?

—Quizás lo sea. Amo —dijo Falk, con timidez.

—Es difícil decirlo, pero creo que tendrías unos veinticinco años cuando llegaste. ¿Qué conservas de esos veinticinco años?

Falk levantó su mano izquierda durante unos momentos.

—Un anillo —dijo.

—¿Y el recuerdo de una montaña?

—El recuerdo de un recuerdo —Falk se encogió—. Y, con frecuencia, como ya te lo he dicho, encuentro por un instante en mí mente el recuerdo de una voz, o la sensación de un movimiento, de un gesto, de una distancia. Estos no encajan en mi memoria actual, junto a ustedes. Pero no configuran una totalidad, no tienen sentido.

Zove se sentó en el alféizar de la ventana y le hizo señas a Falk para que hiciera lo mismo.

—No tuviste que crecer; tu capacidad motriz primaria estaba intacta. Pero, aun si se tiene en cuenta esta base, has aprendido con una facilidad pasmosa. Me he preguntado si los Shing, al controlar la genética humana en la antigüedad y al desechar colonias enteras, nos seleccionaron por la docilidad y la estupidez y si tú provendrás de alguna raza en mutación que, de alguna manera, escapó al control. Donde quiera que te encontrases… fuiste un hombre muy inteligente… Y ahora lo eres nuevamente. Y quisiera saber qué es lo que tú mismo piensas sobre tu misterioso pasado.

Falk permaneció en silencio durante un minuto. Era un hombre pequeño, enjuto, bien formado; su rostro vivaz y expresivo se mostraba ahora ligeramente ensombrecido o aprehensivo y reflejaba sus sentimientos con tanta candidez como el de un niño. Finalmente, se decidió visiblemente y dijo:



14 из 195