—¿Cómo podrían enseñarme semejante cosa?

—No podríamos. Aprendiste a ver el mundo en algún otro lugar… en algún otro mundo, quizás. Pudimos ayudarte a hacerte nuevamente hombre, pero no pudimos brindarte una verdadera niñez. Eso sólo sucede una vez…

—Me siento bastante niño, entre ustedes —dijo Falk con una sombra de pesar.

—No eres un niño. Eres un hombre sin experiencia. Eres un inválido, porque no existe el niño en ti, Falk; te han desarraigado, te han arrancado de tu fuente. ¿Puedes afirmar que éste sea tu hogar?

—No —respondió Falk, retrocediendo, luego dijo—. He sido muy feliz aquí.

El Amo hizo una ligera pausa, pero volvió a su interrogatorio.

—¿Crees que nuestra vida aquí es positiva, que nosotros seguimos el recto camino que deben seguir los hombres?

—Sí.

—Dime otra cosa. ¿Quién es nuestro enemigo?

—Los Shing.

—¿Por qué?

—Ellos rompieron la Liga de todos los Mundos, les quitaron la libertad y el albedrío a los hombres, destruyeron las obras y los registros de los hombres, detuvieron la evolución de la raza. Son tiranos y mienten.

—Pero no nos impidieron proseguir nuestra buena vida aquí.

—Nosotros estamos ocultos… vivimos apartados, del modo que nos dejan ser. Si intentáramos construir algunas de las grandes máquinas, si nos reuniéramos en grupos o ciudades o naciones para hacer cualquier obra importante juntos, entonces los Shing se infiltrarían y arruinarían el trabajo y nos dispersarían. ¡Te digo sólo aquellos que ustedes me han contado y que yo creo, Amo!

—Lo sé. Me pregunto si detrás del hecho quizás hayas percibido la… leyenda; la creencia; el anhelo…



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