—Me aferro a la noción, hijo mío, de que en ti anida alguna esperanza para el hombre. No quiero abandonar ese anhelo. Pero sólo tú puedes descubrir tu propia verdad: y si a ti te parece que tu camino finaliza aquí, entonces, quizá ésa sea la verdad.

—Si me voy —dijo abruptamente Falk—, ¿dejarás que Parth venga conmigo?

—No, hijo mío.

Un niño cantaba en el jardín, el hijo de catorce años de Garra, que daba torpes saltos mortales en el camino y tarareaba con voz aguda melodías dulces. Arriba, en la ondulante V de las grandes migraciones, bandada tras bandada de gansos salvajes se dirigían al sur.

—Yo pensaba acompañar a Metock y Thurro a buscar a la novia de Thurro —dijo Falk—. Proyectamos ir pronto, antes de que cambie el tiempo. Si voy, seguiré viaje desde la casa Ransifeld.

—¿En invierno?

—Hay casas hacia el Oeste de Ransifeld, no cabe duda, donde puedo solicitar abrigo si lo necesito.

No dijo ni Zove le preguntó por qué el Oeste era la dirección en que marcharía.

—Quizás; no lo sé. No sé si ellos darán cobijo a los extraños como nosotros. Si te vas, estarás solo y deberás estar solo. Fuera de esta Casa no hay lugar seguro para ti en la Tierra —habló, como siempre, con absoluta sinceridad… y pagó el precio de la verdad con autocontrol y dolor.

Falk dijo, recobrando rápidamente confianza.

—Lo sé, Amo. No hay seguridad y lo lamento.

—Te diré lo que creo acerca de ti. Pienso que viniste de un mundo perdido; creo que no naciste en la Tierra. Pienso que viniste aquí, primer Extraño que regresa en mil años o más, y que nos traías un mensaje o una señal. Los Shing cerraron tu boca, y te perdieron en las selvas de modo que nadie pudiera decir que te habían matado. Llegaste a nosotros. Si te vas, me apenaré y temeré por ti, pues sé cuan solo estarás. ¡Pero depositaré mi fe en ti, y en nosotros mismos! Si traías palabras para hablar a los hombres, las recordarás, finalmente. Debe de haber una esperanza, un signo, no podemos seguir así para siempre.



19 из 195