El hijo mayor del Amo, Metock habló:

—Si puede ser enseñado, entonces hay que sospechar de él. Puede haber sido enviado aquí para ser enseñado, para aprender nuestras costumbres, nuestra intimidad, nuestros secretos. El gato criado por los bondadosos ratones.

—No soy un ratón bondadoso, hijo mío —dijo el Amo—. ¿Entonces piensas que es un Shing?

—O su instrumento.

—Todos somos instrumentos de los Shing. ¿Qué harías con él?

—Lo mataría antes de que despertara.

El viento sopló débilmente, un pájaro llamó en el húmedo y estrellado Claro.

—Me pregunto, —dijo la Mujer Más Vieja—, si será una víctima y no un instrumento. Quizás los Shing destruyeron su mente como castigo por algo que hizo o pensó. ¿Coronaremos nosotros el castigo?

—Sería más piadoso —dijo Metock.

—La muerte es una piedad falsa —dijo la Mujer Más Vieja amargamente.

Entonces discutieron el asunto de adelante para atrás y de atrás para adelante durante un rato, con equidad, pero con una gravedad que incluía tanto la preocupación moral como una ansiedad mayor, nunca expresa pero insinuada cada vez que alguno de ellos decía la palabra Shing. Parth no intervino en la discusión, sólo tenía quince años, pero escuchaba atentamente. El forastero le había inspirado profunda simpatía y quería que viviera. Rayna y Kretyan se unieron al grupo; Rayna había ensayado todos los tests fisiológicos que conocía sobre el forastero; Kretyan había permanecido a su lado para captar cualquier respuesta mental que se produjera. Sin embargo, poco tenían para informar, salvo que el sistema nervioso del forastero y las áreas sensibles y la capacidad motriz básica de su cerebro parecían normales, aunque sus respuestas físicas y su destreza motora pudiera tan sólo compararse, quizás, con las de un niño de un año de edad, y ningún estímulo local dentro del área del habla había obtenido respuesta.



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