“¿Vas a lanzarle el libro a mi gato?” preguntó gritando Lady D.

Elizabeth decidió ignorar la pregunta y en su lugar agito sus dedo en dirección a Malcom, mientras aferraba el libro en alto. “Regresa con Lady Danbury, criatura espantosa.”

Malcom alzó orgullosamente su cola en el aire y dio media vuelta.

Elizabeth respiró profundamente y caminó hacia la biblioteca. Se dirigió hacia la sección de poesía manteniéndose escrupulosamente alejada del pequeño libro rojo. No quería pensar en él, no quería mirarlo…

Demonios, pero esa cosa prácticamente desprendía calor. Jamás en su vida se había sentido Elizabeth tan consciente de un objeto inanimado.

Volvió a colocar el volumen de poesía y comenzó a caminar con fuertes pasos hacia la puerta, empezando a sentirse realmente molesta consigo misma. Ese tonto libro no dejaba de afectarla de una forma u otra. Al evitarlo como una plaga, de hecho, le otorgaba un poder que no tenía, y…

“¡Oh, por el amor de Dios!” estalló finalmente.

“¿Has dicho algo?” preguntó Lady Danbury desde la habitación contigua.

“¡No! Yo sólo… uh, es que he tropezado con la alfombra. Eso es todo.” Masculló otro ¡Por Dios! por lo bajo y regresó de puntillas junto al libro. Estaba tumbado y para sorpresa de Elizabeth su mano salió disparada y lo enderezó de un tirón.


“Como casarse con un Marqués”


Allí estaba, igual que antes. Mirándola fijamente, burlándose de ella allí sentado, como diciendo que no tenía la sensatez suficiente para leerlo.

“Es sólo un libro,” murmuró. “Sólo un estúpido y chillón librito rojo.”

Y, sin embargo…

Elizabeth necesitaba dinero desesperadamente. Lucas tenía que ser enviado a Eton, y Jane se había quejado durante semanas de que había gastado la última de sus acuarelas. Y ambos estaban creciendo más rápidamente que la mala hierba en un día de verano. Jane podía pasar con los viejos vestidos de Susan, pero Lucas necesitaría ropa adecuada con su posición social.



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