
Llevé todo el montón a mi dormitorio, coloqué una papelera al lado de la cama, me senté, y comencé la selección. Debajo de todo el montón había un sobre color ante. En papel grueso de lino, con un remite de Holmby Hills, en letras plateadas en relieve, en la parte de atrás del sobre.
Mucho lujo. Alguna promoción de ventas de las caras. Di la vuelta al sobre, esperando ver la habitual etiqueta de destinatario hecha por ordenador, y vi mi nombre y dirección, impreso con una extravagante caligrafía plateada. Alguien se había tomado el trabajo de hacer las cosas bien.
Comprobé el matasellos… de hacía diez días. Abrí el sobre y saqué una tarjeta de invitación, también de color ante, bordeada en plata, con más caligrafía en ella:
QUERIDO DOCTOR DELAWARE,
QUEDA USTED CORDIALMENTE INVITADO A REUNIRSE
CON DISTINGUIDOS ALUMNOS Y MIEMBROS DE LA
COMUNIDAD UNIVERSITARIA, EN UN COCTEL AL AIRE LIBRE
Y RECEPCIÓN. EN HONOR DEL
DOCTOR PAUL PETER KRUSE,
CATEDRÁTICO DE PSICOLOGÍA Y DESARROLLO HUMANO,
DONACIÓN BLALOCK
CON MOTIVO DE SU NOMBRAMIENTO COMO
PRESIDENTE DEL DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA
EL SÁBADO, 13 DE JUNIO DE 1987, A LAS CUATRO DE LA TARDE
SKYLARK
LA MAR ROAD
LOS ÁNGELES, CALIFORNIA 90077
S.R.C., EL DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA
Kruse Presidente. Un cargo con donación, la más alta recompensa para una profesionalidad intelectual excepcional.
No tenía el menor sentido; aquel hombre era cualquier cosa menos un intelectual. Y, aunque habían pasado ya muchos años desde la última vez que yo había tenido algo que ver con él, no había razón alguna para creer que hubiera cambiado, para convertirse en un ser humano decente.
