
De eso a Catedrático con una donación de Blalock. ¡Increíble!
Pensé en la última vez que había visto a Kruse… hacía unos dos años. Nos habíamos cruzado casualmente en el campus, y los dos habíamos fingido no ver al otro.
Él andaba camino del edificio de Psicología, ataviado con un traje a medida, de paño inglés, con parches de cuero en los codos, pipa humeante, una estudiante a cada brazo. Soltándoles algo muy profundo a las chicas, mientras les metía mano como el que no quiere la cosa.
Volví a mirar esa caligrafía en plata. Cóctel a las cuatro. ¡Ahora, demos todos un viva al jefe!
Probablemente tendría algo que ver con un enchufe conseguido en Holmby Hills, pero aun así el nombramiento desafiaba toda comprensión.
Comprobé la fecha de la fiesta… era dentro de dos días… y luego volví a leer la dirección al pie de la invitación.
Skylark. Alondra… Los muy ricos bautizaban a sus casas, como si fueran hijos.
La Mar Road, sin número. Traducción: toda la calle es nuestra, so pobretones.
Me imaginé la escena: cochazos, tragos aguados y un exhibicionismo anonadante, pavoneándose por sobre el césped color verde dólar.
No era la idea que yo tenía sobre cómo pasar un rato divertido. Lancé la invitación a la papelera y me olvidé de Kruse. Y también de mi etapa académica.
Pero no iba a ser por mucho tiempo.
2
Dormí mal y me desperté, el viernes, con el sol. Sin ningún paciente en agenda, me hundí en trabajos rutinarios: mandar por mensajero el vídeo de Darren a Mal, acabar otros informes, hacer cheques para pagar facturas y mandarlos por correo, alimentar a los koi y retirar con la redecilla las porquerías que había en su estanque, limpiar la casa hasta que reluciera. Todo eso me llevó hasta el mediodía y me dejó el resto del día libre para chapotear en mi desgracia.
No tenía hambre, así que probé a correr, pero no podía quitarme la constricción que sentía en el pecho, así que lo dejé antes de hacer un par de kilómetros.
