Gracias a la concentración la gente ha intentado escapar de la vida; ir al Himalaya, a una cueva, permanecer aislado para así poder concentrarse en Dios. Pero Dios no es un objeto. Dios es la existencia al completo, es este momento; Dios es la totalidad. Por eso, la ciencia jamás será capaz de conocer la divinidad. El método científico en sí es la concentración, y a causa de ese método la ciencia nunca podrá conocer lo divino.

Sin embargo, sí puede conocer el detalle más mínimo. En un principio, se creía que la molécula era la partícula más pequeña, pero después la dividieron. Entonces se descubrió que había una parte aún más pequeña, el átomo. Después, los métodos de concentración también lo dividieron. Ahora hay electrones, protones, neutrones y, antes o después, estos también se dividirán. La ciencia va de lo pequeño a lo más pequeño, y lo más grande, lo vasto, se olvida completamente. El todo se olvida completamente a causa de la parte. La ciencia nunca conocerá la divinidad, a causa de la concentración. Cuando la gente viene y me pide: «Osho, enséñanos a concentrarnos, queremos conocer lo divino», me sorprendo. No han comprendido lo más esencial de la búsqueda.

La ciencia se enfoca en algo; su búsqueda es objetiva. La religiosidad es simultaneidad, el objeto de la búsqueda es el todo, la totalidad. Para conocer la totalidad debes tener una conciencia que esté abierta por todos los lados y no esté limitada, que no mire desde una ventana, si no, el marco de la ventana se convertirá en el marco de la existencia. La meditación es estar sencillamente bajo el sol al cielo raso. La meditación no tiene marcos, no es una ventana ni una puerta. La meditación no es concentración ni atención, la meditación es conciencia.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Repetir un mantra o hacer meditación trascendental no nos va a servir. En Estados Unidos, la meditación trascendental ha cobrado tanta importancia por su enfoque objetivo y su mente científica.



16 из 174