
La otra parte está unida a la existencia misma. Puedes pensar en ella como si la estuvieses tomando, respirando, o puedes pensar justo lo contrario, como si te estuviese respirando. Y hay que entender esta otra forma porque te llevará a una profunda relajación. No es que estés respirando, sino que la existencia te está respirando. Es un cambio de y sucede espontáneamente. Si te sigues relajando, aceptándolo todo, aceptándote, poco a poco, te darás cuenta de que tú no estás tomando esas respiraciones sino que están yendo y viniendo por su cuenta. Con tanta gracia, con tanta dignidad, con tanto ritmo, con un ritmo tan armonioso. ¿Quién lo está haciendo? La existencia está respirándo-te. Entra dentro de ti y sale de ti. A cada momento te rejuvenece y vuelve a llenarte de vida.
De pronto ves la respiración como un acontecer… y así es como debería crecer la meditación. Puedes hacerlo en cualquier parte, incluso en medio de la calle, porque ese ruido también es divino. Y si te sientas en silencio, podrás ver que incluso en el ruido de la calle hay cierta armonía. Ya no es una distracción. Si estás en silencio puedes ver muchas cosas, enormes olas de energía moviéndose por todas partes. Cuando lo aceptes, lo sentirás vayas donde vayas.
El pájaro no es importante pero sentirás algo enormemente sublime, sentirás algo sagrado, luminoso, misterioso. A tu alrededor se están produciendo milagros constantemente, pero tú te los pierdes.
Cuando la meditación se asienta en ti y sigues el ritmo de la existencia, la compasión es una consecuencia. De repente sientes que estás enamorado de la totalidad y que el otro ya no es el otro; tú también estás vivo en el otro. El árbol ya no es simplemente «ese árbol»; de alguna manera está relacionado contigo. Todo está interrelacionado. Tocas una hoja de hierba y has tocado todas las estrellas, porque todo está relacionado. No puede ser de otra manera. La existencia es orgánica. Es una. Es una unidad.
