
Hasta el discípulo sabe que no está bien y que ha hecho algo inapropiado.
– ¿Sacrilegio? ¡Bah! Por así decirlo, solamente le he dado una utilidad a!a mente de Buda que está llena de amor y misericordia. Él mismo se habría cortado una extremidad si hubiese oído a ese pobre samurái.
Entender es diferente a obedecer. Cuando obedeces estás casi ciego; además hay reglas que debes respetar. Cuando entiendes también obedeces pero ya no estás ciego. Cada momento decide, tu conciencia responde en cada momento y todo lo que hagas está bien.
Una de las historias más bellas es la de un monje zen que en una noche de invierno pidió que le permitiesen quedarse en un templo. Estaba tiritando porque hacía frío y fuera estaba nevando. Por supuesto, el sacerdote del templo se apiadó de él y le dijo:
– Puedes quedarte, pero solamente una noche, porque este templo no es un hotel. Por la mañana tendrás que marcharte.
En mitad de la noche, de pronto, el sacerdote oyó un ruido. Fue corriendo y no podía creer lo que estaba viendo. El monje estaba sentado junto a un fuego que había encendido dentro del templo. Y faltaba una estatua de Buda. En Japón las estatuas de Buda son de madera.
El sacerdote le preguntó:
– ¿Dónde está la estatua?
El maestro señaló hacia el fuego y dijo:
– Tenía mucho frío y estaba tiritando.
– ¿Estás loco? -exclamó el sacerdote-. ¿No te das cuenta de lo que has hecho? Era una estatua de Buda. ¡Has quemado a Buda!
El maestro miró el fuego, que estaba desapareciendo, y lo removió con un palo.
– ¿Qué estás haciendo? -preguntó el sacerdote.
– Estoy tratando de encontrar los huesos de Buda -respondió.
– Estás loco de remate -dijo el sacerdote-, es un Buda de madera. No tiene huesos.
Entonces el maestro dijo:
– La noche es larga y cada vez hace más frío. ¿Por qué no traemos también esos otros dos budas?
