Por supuesto, le echaron del templo inmediatamente. ¡Ese hombre era un peligro! Cuando le estaban echando, dijo:

– ¿Qué hacéis, estáis expulsando a un buda vivo por respeto a un buda de madera? El buda vivo estaba sufriendo tanto que tuve que ser compasivo. Si Buda estuviese vivo habría hecho lo mismo. Él mismo me habría dado esas tres estatuas. ¡Estoy seguro! Sé que él habría hecho lo mismo.

Pero ¿quién lo escuchaba? Le echaron a la nieve y cerraron las puertas. Por la mañana, cuando salió el sacerdote, se encontró al maestro adorando un mojón sobre el que había colocado unas flores. El sacerdote volvió y le dijo:

– ¿Y ahora qué haces, adorar un mojón?

El maestro dijo:

– Cuando llega la hora de rezar, creo mis budas en cualquier parte, porque están en todas partes. Este mojón vale tanto como los budas de madera que tienes ahí dentro.

Es una cuestión de actitud. Cuando miras con ojos adoradores, entonces todo se vuelve divino.

Y recuerda, la historia de Eisai es fácil de entender porque la compasión se muestra hacia otra persona. Esta historia es más difícil y complicada de entender porque la compasión es hacia uno mismo. Una verdadera persona de conocimiento no es dura con los demás y tampoco consigo misma, porque la energía es una y la misma. Una verdadera persona de conocimiento no es masoquista. No es sádica ni ma-soquista. Una verdadera persona de co-

nocimiento comprende que sencillamente no hay separación; todo es sagrado, incluido él mismo, y vive con esta comprensión.

Vivir una vida que se sustenta en la comprensión es compasión. No intentes practicarla; solo relájate profundamente en la meditación. Durante la meditación, permanece en un estado de relajación y de repente podrás oler la fragancia que surge de tu ser más profundo. Entonces florece la flor y se expande la compasión. La meditación es la flor y la compasión es su fragancia.



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