Como no deseaba seguir alimentando aquellos pensamientos, que eran cada vez más sombríos, ni los fragmentos más obscenos del libro, fragmentos que habían despertado en ella deseos que creía tener olvidados desde hacía mucho tiempo, Carolyn declaró:

– Hace poco he descubierto que las Memorias, además de constituir el último escándalo en la sociedad, también son responsables de una nueva moda que ha causado furor.

Emily arqueó una ceja.

– ¿Ah, sí? ¿Hacer el amor en un carruaje en marcha?

– ¿O en una sala de billar…?

– No -respondió Carolyn riendo e interrumpiendo las suposiciones de Julianne-. Se trata de las notas sobre las que habla la autora.

– ¡Ah, sí, las misteriosas cartas anónimas que la Dama recibía de uno de sus amantes! -contestó Julianne con voz entrecortada-. Ella acudía a la hora y lugar indicados en la nota y tenía una cita con su amante.

– Exacto -prosiguió Carolyn-. Ayer por la noche, en la velada musical de lord y lady Lerner, oí decir a varias damas que habían recibido notas de ese tipo. Y que los resultados habían sido muy satisfactorios.

– No me extraña -intervino Sarah, asintiendo con la cabeza de tal forma que sus gafas resbalaron por el puente de su nariz-. A mí me gustaría mucho recibir una nota de esas.

– ¿De verdad? -preguntó Emily mientras sus ojos chispeaban con malicia-. ¿Y de quién?

Sarah parpadeó y se subió las gafas.

– Pues de Matthew, claro. De hecho, esta mañana, durante el desayuno, le he pedido que me envíe una.

Julianne exhaló un suspiro largo y ensoñador.

– A mí me encantaría recibir una nota de ese tipo. Es tan… ardiente… y romántico.

– Tan sólo una de esas notas arruinaría tu reputación-declaró con dulzura Carolyn a su exageradamente romántica amiga.

– Sí, pero que alguien te desee con tanto fervor… -Julianne exhaló otro suspiro-. ¡Las Memorias me han enseñado tantas cosas…! Cosas que, desde luego, mi madre nunca me contó.



6 из 289