
Debido a aquella confianza, Cathryn se sintió doblemente traicionada cuando Rule empezó a actuar como si fuera el dueño del rancho. Nadie podía tomar el lugar de su padre. ¿Cómo se atrevía a hacerlo? Pero cada vez más a menudo él comía en la casa del rancho. Finalmente llegó a instalarse en la casa. Era especialmente irritante que Mónica no hiciera ningún esfuerzo por imponerse; dejó que Rule se saliera con la suya en cualquier cosa concerniente al rancho. Era una mujer que automáticamente se apoyaba en los hombres fuera eso conveniente o no y desde luego no era contrincante para Rule. Mirando hacia atrás, Cathryn comprendía ahora que Mónica se había visto completamente perdida en cualquier asunto del rancho y como no tenía otra casa para ella y para Ricky se había visto metida en una vida que era completamente extraña para ella, totalmente incapaz de manejar a un hombre como Rule, que era a la vez determinado y peligroso.
Cathryn se resintió amargamente por la toma de poderes de Rule. Ward lo había recogido literalmente de la cuneta y lo había levantado, sosteniéndole hasta que pudo hacerlo él solo, y así era como se lo pagaba, mudándose dentro de la casa y asumiendo el control.
El rancho era de Cathryn, con Mónica designada como su tutora legal, por lo que Cathryn no tenía ni voz ni voto. Todos los hombres, sin excepción, obedecían a Rule, a pesar de todo lo que Cathryn podía hacer. Y trató de hacer mucho. Perder a su padre la había sacado de su timidez, y luchó por su rancho con la ferocidad de una joven sin conocimientos, desobedeciendo a Rule a cada paso. En esa etapa de su vida Ricky había sido un cómplice dispuesto. Ricky siempre estaba dispuesta a romper las reglas, cualquier regla. Pero hiciera lo que hiciera, Cathryn siempre sentía que no era para Rule más irritante que un mosquito que podía apartar a un lado fácilmente.
