¡Idiota! Se reprendió. ¡Estúpida idiota! Ahora él sabía lo poderosa que era el arma que tenía contra ella y no se hacía la menor ilusión de que vacilara para usarla. No era justo que su deseo por ella no lo dejara tan vulnerable como ella se sentía, pero el hecho básico era que el deseo de él era simplemente eso, deseo, sin ninguna de las emociones o necesidades que sentía Cathryn, mientras el mero sonido de su voz la sumergía en tantos sentimientos y abrasadoras necesidades que no tenía ninguna esperanza de poder clasificarlos y entenderlos. Rule estaba tan profundamente asociado a todas las crisis y los hitos de su vida que aunque lo odiaba y lo temía, era ya una parte de ella por lo que no podía despedirlo ni echarlo a patadas de su vida. Era tan adictivo como una droga, usando su cuerpo delgado, de duros músculos, y sus manos para mantener bajo control a sus mujeres.

¡No seré una de sus mujeres! se juró Cathryn con ferocidad, apretando los puños. Él no tenía principios morales, ningún sentido de la vergüenza. Después de todo lo que su padre había hecho por él, en cuanto Ward estuvo en la tumba, Rule había tomado el control. Y no le bastó con eso. Tenía que tener el rancho y también a la hija de Ward. En ese momento Cathryn decidió no quedarse, regresar a Chicago en cuanto las vacaciones terminaran. Los problemas de Ricky no eran cosa suya. Si a Rule no le gustaba como iban las cosas, era libre de buscar empleo en otra parte.

Empezaron a dar vueltas sobre el prado y la casa de madera para señalar su llegada al rancho. Rule giró bruscamente el avión hacia la izquierda para alinearse sobre la pequeña pista de aterrizaje. Estaba asombrada del poco tiempo que les había tomado llegar hasta el rancho, pero una mirada a su reloj hizo que se diera cuenta que había pasado más tiempo del que creía. ¿Cuánto tiempo había estado entre los brazos de Rule? ¿Y cuánto tiempo había estado perdida en sus pensamientos? Cuando estaba con él, parecía que todo lo demás se desvanecía.



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