
Cuando Rule aterrizó con facilidad un polvo rojo se esparció por el campo; aterrizaron tan suavemente que apenas hubo golpe. Cathryn se encontró mirando las manos de él fuertes, morenas y competentes, tanto pilotando un avión, como dominando un caballo díscolo o calmando a una frívola mujer. Recordó esas manos sobre su cuerpo e hizo un esfuerzo para apartar el recuerdo de su mente.
Capítulo 2
Cuando Cathryn subió los tres escalones del porche que rodeaba la casa, se quedó sorprendida de que Mónica no saliera a saludarla. Ricky no salió tampoco, pero no había esperado que lo hiciera. Mónica, por otra parte, al menos siempre guardaba las apariencias y había hecho un gran espectáculo de afecto cuando David estaba vivo y la visitaron. Abrió la puerta de rejilla y entró en la fresca semioscuridad; Rule entró detrás con el equipaje.
– ¿Dónde está Mónica? -preguntó ella.
Él empezó a subir las escaleras.
– Sólo Dios lo sabe -gruñó, y Cathryn lo siguió sintiéndose cada vez más irritada. Lo cogió cuando él abrió la habitación que siempre había sido suya y dejó caer las bolsas sobre la cama.
– ¿Qué quieres decir con eso? -exigió ella.
Él se encogió de hombros.
– Estos días Mónica va de aquí para allá. De todas formas nunca ha estado muy interesada en el rancho -se dio la vuelta para marcharse y Cathryn lo siguió otra vez.
– ¿A dónde vas? -preguntó con brusquedad.
Rule se volvió hacia ella con exagerada paciencia.
– Tengo trabajo que hacer. ¿Tenías algo más en mente? -su mirada se dirigió hacia la puerta del dormitorio y después otra vez hacia ella, y Cathryn tensó la mandíbula.
– Tenía en mente encontrar a Mónica.
– Volverá antes del anochecer. He visto que no está el coche familiar y ella odia conducir de noche, así que estará aquí por entonces, a menos que tenga un accidente.
