– No veo ninguna razón para hacerlo.

Sus ojos oscuros destellaron cuando la miraron por debajo del sombrero, pero no dijo nada, y cuando se giró y empezó a caminar entre la muchedumbre, Cathryn le siguió también sin decir nada. A veces pensaba que la comunicación entre ella y Rule era imposible, pero otras veces le parecía que no eran necesarias las palabras. No le entendía, pero lo conocía, conocía su orgullo, su dureza, su maldito y oscuro temperamento que no era menos espantoso aunque lo tuviera bajo control. Había crecido sabiendo que Rule Jackson era un hombre peligroso; sus años formativos habían sido dominados por él.

La guió fuera de la terminal aérea, a través del área donde aguardaba el avión privado. Sus largas piernas se tragaban la distancia sin esfuerzo; pero Cathryn no fue capaz de seguir sus zancadas y se negó a trotar detrás de él como un perro con una correa. Mantuvo su paso, manteniéndolo a la vista, y por fin él se detuvo al lado de un Cessna bimotor azul y blanco, abrió la puerta del compartimiento de cargamento y puso sus bolsas dentro, después volvió la vista hacia ella.

– Date prisa -la llamó, en vista de que todavía estaba a cierta distancia.

Cathryn lo ignoró. Él puso las manos en las caderas y la esperó, sus pies separados de una manera arrogante que era natural en él. Cuando llegó, no dijo ni una palabra; simplemente abrió la puerta, se giró, la cogió por la cintura y la metió con facilidad en el avión. Ella se colocó en el asiento del copiloto y Rule en el del piloto cerrando la puerta y lanzando el sombrero en el asiento que había detrás de él. Se pasó los dedos por el pelo antes de coger los cascos. Cathryn lo observó sin expresión en la cara, pero no podía evitar recordar la vitalidad de aquel espeso cabello oscuro, el modo en que se había ensortijado entre los dedos de ella…

Se giró hacia ella y la atrapó mirándolo. No apartó la vista con culpabilidad, le sostuvo la mirada, sabiendo que la calmada inexpresividad de su cara no dejaba translucir nada.



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