
Los cambios en la vida de Rule habían sido aún mayores. Había sobrevivido a Vietnam, pero algunas veces parecía que sólo su cuerpo había vuelto. Sus oscuros ojos risueños ya no reían. Observaban y pensaban. Su cuerpo tenía cicatrices de heridas ya curadas, pero las heridas mentales que había sufrido lo habían cambiado para siempre. Nunca habló de ello. Rara vez hablaba de nada. Se mantenía aparte y observaba a las personas con esos ojos duros e inexpresivos, y pronto se convirtió en un paria.
Bebía mucho, sentándose solo y engullendo continuamente alcohol, su expresión cerrada y dura. Naturalmente se hizo aún más atractivo para las mujeres de lo que era antes. Algunas no podían resistirse al aura de peligro tan pegada a él como una capa invisible. Cada una de ellas soñaba con tener el encanto que pudiera consolarlo, curarlo y sacarlo de la pesadilla en la que todavía vivía.
Se metió en un escándalo detrás de otro. Su padre lo sacó de casa y nadie más lo contrató, los rancheros y los comerciantes se juntaron para librar a la vecindad de él. De alguna forma todavía encontraba el dinero para el whisky, y a veces desaparecía durante días haciendo suponer a la gente que se había arrastrado a alguna parte y había muerto. Pero siempre aparecía como un penique falso, un poco más delgado, más ojeroso, pero siempre allí.
