
– Será peligroso tenerla en la isla, señor. Piense en eso. Que se la lleve el bote ahora y daremos órdenes al conductor para que la deje en su casa de campo. La pueden retener allí hasta que la reunión acabe.
El estómago de Elle se apretó. El guardaespaldas hablaba de ella. Stavros sacudió la cabeza y dijo algo que no pudo captar, pero el guardaespaldas y el capitán miraron hacia ella otra vez y ninguno parecía feliz.
Eso encendió su alarma, la que la había salvado numerosas veces en innumerables misiones le gritaba y ella no vaciló. Se movió rápidamente a través de la escasa multitud hacia el costado del yate donde los botes entraban a recoger a los invitados y devolverlos a la costa. Aunque su bolso y la bolsa de viaje estaban todavía en el camarote de abajo, Elle tenía cuidado de no llevar nunca nada en su bolsa ni en sus pertenencias que pudiera traicionarla. Dejaría el yate y si Dane quería que volviera, podría utilizar la recuperación de sus cosas como una excusa para contactar con Stavros otra vez.
Se hizo pequeña, tratando de mezclarse con los otros invitados. Como Elle podría desaparecer fácilmente en las sombras, pero Sheena destacaba. Su corazón se aceleró y un sentido de urgencia la dominó mientras serpenteaba abriéndose camino hacia los botes que partían. No iba a mirar atrás y comprobar si la estaban buscando, sabía que sí. Tenía una oportunidad, para saltar en el bote saliente mientras estaba zarpando. Tenía que calcularlo perfectamente.
Se deslizó tras el último de los invitados que esperaban el próximo bote y dio un paso en la plataforma, extendiendo la mano al joven que empujaba el bote para soltarlo. Él sonrió y guió el bote de vuelta a la posición para que ella pudiera subir. Justo mientras sus dedos se deslizaban alrededor de su mano, sintió otra mano atraparle el brazo en un puño firme, tirándola hacia atrás.
– Al señor Gratsos le gustaría el placer de la compañía de la señora MacKenzie un rato más -dijo Sid suavemente, atrayendo su forma mucho más pequeña contra él.
