
Elle inhaló bruscamente, sintiendo el chorro de emoción del guardaespaldas de Stavros. Él casi deseaba no haberla alcanzado, de hecho había considerado perderla, pero sabía que Stavros habría detenido el otro bote. Ella se dejó echar hacia atrás sin luchar. El guardaespaldas era más grande y mucho más fuerte que ella, e incluso si lo pudiera haber pillado por sorpresa, ¿cuál sería el objeto? Ninguno de los hombres de Stavros iba a permitirle abandonar el yate contra sus órdenes.
Ella sonrió amablemente al piloto y alzó la mirada al guardaespaldas. No era griego. No estaba segura de dónde era. Hablaba con acento griego, pero había algo raro en él. Y le parecía terriblemente familiar, pero no sabía donde lo había visto antes.
– Me haces daño. -Mantuvo un tono bajo, muy bajo y su mirada en la cara.
Él la soltó de manera inmediata, rápidamente como si la piel le quemara.
– Lo siento, señora MacKenzie. El señor Gratsos me pidió que la llevara de vuelta con él y tenía miedo de que cayera al mar si no la sostenía. No me di cuenta de lo fuerte que la estaba agarrando.
Él había tenido miedo de que ella hiciera una escena, pero extrañamente, eso fue todo lo que pudo conseguir de él. ¿Por qué era eso? ¿Cómo es que estaba protegido el guardaespaldas de sus capacidades psíquicas de la misma manera que Stavros? No podía ser coincidencia que dos personas que trabajaban juntos tuvieran fuertes barreras naturales y que la barrera de Sid fueron tan fuerte o más que la de Stavros, aunque se sintiera diferente.
Elle le dirigió una rápida sonrisa de perdón, de acuerdo con la personalidad dulce de Sheena.
– Ciertamente no querría caer al mar con este vestido. -El retrocedió para indicarle que avanzara a través del grupo de invitados. Elle vaciló-. Sid, este es el último bote para la costa y ya están embarcando. Debo bajar. -Deliberadamente miró su delgado reloj de diamantes-. Tengo una cita esta tarde.
