
Claire frunció el ceño.
– Sería mejor que se hubiera olvidado de eso antes de que el colegio empiece el otoño que viene.
Luego, como se diera cuenta de que no iba a lograr nada, cambió de conversación.
– ¿Te veremos en el día de los deportes, Fitz?
– ¿Cuándo es?
– El viernes. ¿No recibiste la carta? me sorprende que Lucy no te lo haya dicho. Es la mejor en salto y en los cincuenta metros. Sería una pena que no estuvieras.
– Vendré.
– Muy bien -dijo ella estrechándole la mano-. No me has preguntado a quien ha elegido por madre, Fitz. ¿Es que no sientes curiosidad?
Fitz se dio cuenta entonces de que Claire, como las amigas de Lucy, había cometido el error de creer que estaba mintiendo. Tal vez, teniendo en cuenta las circunstancias, eso era lo mejor. -Yo prefiero elegir mis propias fantasías. Gracias de todas formas, Claire. Te veré el viernes.
– Es una pena que Brooke no haya podido venir a casa a tiempo para el funeral. No la vemos mucho últimamente.
– No he podido hablar con ella para hacerla saber lo de mamá -dijo Bron por lo que parecía la centésima vez de esa tarde. ¿Había ido alguien al funeral simplemente para presentarle los respetos a su madre? ¿O habían ido todos sólo por si su famosa hermana aparecía por allí? Sonrió por centésima vez.
– Está filmando en la selva de Brasil. A mil kilómetros del teléfono más cercano.
Pero estaba segura de que había recibido el mensaje vía satélite. Lo que pasaba era que debía estar demasiado ocupada para ponerse en contacto con ellos.
– Es muy triste -dijo su interlocutor-. Tú te has ocupado de cuidar a tu madre durante todos estos años y ahora has de pasar sola por esto también.
– No se ha podido evitar.
– No, supongo que no. Y ella está haciendo tanto por salvar la tierra que tenemos que excusarla. Me está haciendo pensarme dos veces usar el coche y estoy reciclándolo todo. Cuando necesitemos una puerta nueva, no la vamos a comprar de caoba. Hay que ver como se las arregla ella entre tantas serpientes y arañas, yo me desmayo cuando veo una araña en el baño…
