– Como Selina.

– Le agradecería que se guardara sus pensamientos indecorosos -Charles todavía luchaba contra aquella pasión tan inconveniente.

– De hecho, Selina no guarda ningún parentesco con usted.

Charles frunció el ceño.

– No todos vemos el mundo con unos principios tan indulgentes como los suyos.

– Debería preguntárselo a ella -sonrió Darley-. Descubra si es más dúctil que usted… más transigente de lo que era antes.

– Ya basta, Julius. Está hablando de la mujer que amo.

– Muy bien, Charles, pero si no intenta entrar en juego, nunca sabrá lo que ella piensa. En mi caso, voy a mover ficha para ganarme la confianza de Lady Grafton y ver lo que ella piensa -Lord Darley sonrió-. A propósito, debo darle las gracias. Nunca hubiera asistido a un evento tan tedioso de no ser por su insistencia.

– Y sin la promesa de que será el primero en pujar por las próximas crías del semental Run-to-the Gold -remarcó Lambton, secamente.

La dentadura de Lord Darley, perfecta y blanca, emitió otro destello.

– Eso también. Y ahora, si me disculpa, veré si puedo recordar alguna de aquellas virtuosas máximas bíblicas que mis tutores, demasiado entusiastas, me enseñaron a fuerza de golpes.


* * *

Capítulo 2

Lady Grafton había entrado en la sala de juego y esperaba a que un lacayo le llenara un vaso de brandy cuando el marqués fue a su encuentro. Sin embargo, no esperaba sola.

Estaba rodeada por un enjambre de admiradores que forcejeaban por abrirse paso hasta ella.

Cuando Darley se acercó, la multitud se apartó como el mismísimo mar Rojo, por el respeto que tenían hacia las aptitudes del marqués en los duelos, su carácter imprevisible, su título nobiliario y, por último, pero no menos importante, por su enorme fortuna, que superaba con creces las restantes cualidades dentro de la jerarquía de los valores aristocráticos.



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