
En la mesa que había detrás de Peiqin, Yu vio una bolsa con empanadas rellenas de cerdo asado; del restaurante de Geng, supuso. El negocio iba bien. Peiqin había estado ayudando a Geng con las tareas de contabilidad y él recompensaba su trabajo con comida para llevar.
¿Sería posible que tú también, Yu, pudieras ganar algún dinero extra en tu tiempo libre?
Sonó el teléfono. Sería de la comisaría, imaginó Yu, y estaba en lo cierto.
El secretario Li, a pesar de lo tarde que era, no podía encontrar al inspector jefe Chen Cao, superior de Yu en la brigada de casos especiales. Había un nuevo caso urgente, un asesinato, por eso le llamaba.
– Yin Lige -Yu repitió el nombre de la víctima tras colgar el teléfono. Li no le había explicado mucho más, excepto que era imperativo resolver el caso. Yin debía ser una persona conocida, pensó Yu; de otro modo no habrían asignado aquel caso a su brigada, la cual se encargaba de crímenes con implicaciones políticas. Sin embargo, aquel nombre no le sonaba de nada. Yin no era un apellido común en China, y si la chica hubiera sido famosa Yu habría oído hablar de ella.
– ¡Yin Lige! -habló por primera vez Peiqin, repitiendo las palabras de Yu.
– Sí. ¿La conoces?
– Es la autora de Muerte de un Profesor Chino. El nombre del profesor era Yang Bing -añadió mientras se secaba los pies con una toalla-. ¿Qué le ha pasado?
– La han asesinado en su casa.
– ¿Tiene algo que ver el Gobierno? -preguntó Peiqin, con cinismo.
A Yu le sorprendió la reacción de su esposa.
– El departamento quiere que resolvamos el caso cuanto antes. Eso es lo que me ha dicho el secretario del Partido Li.
– Para el secretario del Partido Li todo puede ser político.
Peiqin podría estar refiriéndose a las investigaciones dirigidas bajo la responsabilidad de Li, pero también, posiblemente, a la retirada del apartamento previamente asignado. Peiqin sospechaba que la explicación de Li sobre el ajuste de cuentas a tres bandas entre corporaciones controladas por el Estado había sido una mera excusa para arrebatarles el apartamento. Yu no tenía ninguna influencia política en la oficina.
