– Siempre te burlas de ti misma, pero te he visto cuando trabajas. Te abstraes… -Inclinó la cabeza-. Me he estado preguntando por qué no admites que te aguarda un futuro fantástico. Me llevó algún tiempo, pero al final lo averigüé.

– ¿De veras? Estoy impaciente por oír tu contribución al respecto.

– No seas sarcástica. A veces puedo ser perspicaz. Y he llegado a la conclusión de que, por algún motivo, tienes miedo de alcanzar el éxito. Tal vez pienses que no te lo mereces.

– ¿Que qué?

– No estoy diciendo que no tengas confianza en ti misma. Sólo creo que no estás todo lo segura de tu talento que deberías estar ¡Por Dios!, ganaste uno de los concursos más prestigiosos del país. Eso debería decirte algo.

– Me dice que a los jueces les gustó mi estilo. El arte es algo subjetivo. Si hubiera sido otra la composición del jurado, puede que no me hubiera ido tan bien. -Se encogió de hombros-. Y no habría pasado nada. Pinto lo que quiero y a quien quiero. Me produce placer. No siento la necesidad de superar a nadie.

– ¿No la sientes?

– No, no la siento, señorita Freud. Así que echa el freno.

– Lo que tú digas. -Pat seguía mirando fijamente el boceto-. ¿Dijiste que era un viejo amigo?

¿Amigo? De ninguna manera. La relación entre ambos había sido demasiado voluble como para incluir la amistad.

– No, dije que lo conocí hace años. ¿No deberías darte una ducha?

Pat se rió entre dientes.

– ¿Estoy pisando terreno privado otra vez? Lo siento, es mi naturaleza de metomentodo. Es consecuencia de haber vivido en una ciudad pequeña toda mi vida. -Se puso en pie y se estiró-. Tienes que admitir que la mayor parte del tiempo me contengo.

Jane sonrió al tiempo que meneaba la cabeza.

– Cuando estás dormida.

– Bueno, no te debe de importar demasiado. Llevas dos años compartiendo habitación conmigo y nunca me has puesto arsénico en el café.



6 из 373